Real Decreto 191/2018, de 6 de abril, por el que se establece la transmisión electrónica de datos de las prescripciones veterinarias de antibióticos destinados a animales productores de alimentos para consumo humano, y se modifican diversos reales decretos en materia de ganadería.
¿Qué dice esta ley?
**¿Qué es?** Es una norma que obliga a los veterinarios a enviar electrónicamente a la administración los datos de los antibióticos que prescriben para animales destinados a producción de alimentos para consumo humano. El objetivo es recopilar información sobre el uso de antibióticos en ganadería para poder actuar contra la resistencia a los antibióticos y proteger la salud pública. **¿A quién afecta?** Afecta a los profesionales veterinarios que prescriben antibióticos o piensos medicamentosos con antibióticos a animales de producción ganadera. No se aplica a los veterinarios que prescriben para animales de compañía. También afecta a las autoridades sanitarias competentes, que recibirán y gestionarán estos datos. **¿Qué cambia o establece?** Establece la obligación de transmitir electrónicamente las prescripciones veterinarias de antibióticos destinados a animales productores de alimentos. Modifica varios reales decretos sobre ganadería para especificar que los análisis obligatorios de leche deben ser solo sanitarios y aclara cómo proporcionar información en piensos a granel. También modifica la normativa sobre ficheros de datos personales para incluir este nuevo registro de prescripciones.
💬 Contexto ciudadano
El Real Decreto 191/2018 introduce el primer sistema centralizado de vigilancia electrónica del uso de antibióticos en ganadería española, respondiendo a una ausencia previa de registro sistemático de prescripciones veterinarias. Se alinea con la Directiva UE 2019/6 y los estándares de vigilancia del programa ESVAC (EMA), que ya operan en otros Estados miembros, aunque España asume competencia exclusiva en su implementación nacional. Este instrumento de monitorización colectiva resulta crítico para el ciudadano porque la resistencia antimicrobiana es una amenaza sanitaria que se propaga desde animales a humanos a través de la cadena alimentaria; sin datos fiables sobre patrones de prescripción veterinaria, resulta imposible identificar prácticas de riesgo ni diseñar políticas de contención efectivas que protejan la salud pública.