Corrección de errores de las Enmiendas de 2022 al Protocolo de 1996 relativo al Convenio sobre la prevención de la contaminación del mar por vertimiento de desechos y otras materias, 1972, adoptadas en Londres el 7 de octubre de 2022 mediante Resolución LP.6(17). Retirada de los fangos cloacales de los anexos 1 y 2, relativos a la lista y la evaluación de los desechos u otras materias cuyo vertimiento podrá considerarse.
¿Qué dice esta ley?
**Qué es** Se trata de una corrección técnica a las reglas internacionales sobre qué residuos pueden tirarse al mar. Específicamente, se han retirado los "fangos cloacales" (los restos sólidos que quedan tras tratar aguas residuales) de las listas que permitían su vertimiento controlado en el océano. **A quién afecta** Principalmente a plantas depuradoras, puertos, empresas de gestión de residuos y administraciones públicas que gestionan tratamiento de aguas. También afecta indirectamente a ciudadanos, pues estas entidades deberán buscar alternativas para estos residuos (como incineración o depósito en tierra). **Qué cambia** Los fangos cloacales ya no pueden considerarse candidatos a vertimiento marino permitido. Las administraciones y empresas responsables deben encontrar otras soluciones: tratamientos en tierra, reutilización en agricultura o eliminación controlada. Esto endurece la protección del medio marino frente a este tipo de contaminación. **Cuándo** La resolución se adoptó el 7 de octubre de 2022 en Londres. Los plazos específicos de entrada en vigor dependen de los procedimientos de ratificación de cada país, pero el cambio ya es vinculante para los Estados suscritos al protocolo.
💬 Contexto ciudadano
Antes de la corrección de 2022, los fangos cloacales estaban incluidos en las listas de desechos permitidos para vertirse al mar bajo el Protocolo de 1996, vigente en el marco de la UE, las CCAA y el sistema internacional. Esta norma, adoptada en Londres en 2022, retiró dichos fangos de esas listas, modificando las reglas internacionales y nacionales. Esta actualización importa porque refuerza la protección del medio marino, obligando a los países y empresas a buscar alternativas sostenibles, lo que impacta directamente en sectores como la gestión de residuos y el tratamiento de aguas.